Acerca de la genética en criminología

 

 

La semana pasada, en Castro-Urdiales (Cantabria), ocurrió un suceso que ha conmocionado a gran parte de la sociedad española. Creo que no es necesario ni siquiera exponer el caso. Leyendo alguna entrevista sobre el tema, sin duda me quedo con la realizada al Dr. César San Juan en el periódico DEIA, la cual fue la impulsora para tratar en el artículo de hoy, brevemente, el tema sobre el que planeamos. Para aquellos que quieran conocer más a fondo el caso, tienen multitud de artículos, escritos, entrevistas, a golpe de clic. Aquí no trataremos el caso en específico. 

En los tiempos que corren hay temas que son más sensibles que otros incluso en la ciencia, cosa incomprensible para aquello que nació con la finalidad de poner todo (repito, todo) en tela de juicio hasta que sea confirmado y validado (e incluso así, siempre con mirada crítica). En este aspecto, la criminología, desgraciadamente, no es una excepción. Hay varios temas que podrían calificarse de polémicos, y uno de ellos es la influencia de la genética en la conducta (en nuestro caso criminal y/o desviada principalmente), aspecto que, como digo, se plantea en el caso y en la entrevista mencionada, de ahí su importancia para el artículo de hoy. Sin duda, un paso valiente y necesario. 

Bien, como hemos dicho en multitud de ocasiones y si eres estudiante de criminología, psicología o antropología, y de alguna disciplina más también, la personalidad de un sujeto se compone de tres ámbitos, el biológico, el psicológico y el social. Desde hace unas décadas, los estudios se han querido centrar, y repito, en el ámbito conductual, en los dos últimos, siendo muy fuertes las corrientes psicológicas y la importancia dada a la mesología en el desarrollo humano, abandonando o desterrando el aspecto biológico a la parte más hermética de la ciencia, es decir, achicando su capacidad y derivando, en el caso de la criminología, a la criminalística y más específicamente a la antropología forense y medicina legal ese primer factor. Quitando la importancia que tiene a la hora de estudiar un concepto vital en la conducta, la predisposición. 

El primer punto que debemos aclarar es que en multitud de ocasiones se tratan como sinónimos los conceptos de biológico y genético, y esto no es así. La genética, en términos metodológicos, sería una variable más del constructo biológico. La morfología corporal, la adaptación física al medio, la capacidad de comunicación, el cómo y para qué de esta, etc. son aspectos, matices, variables, que se encuadran también dentro del ámbito biológico. Por supuesto, con una medible interrelación (en ocasiones correlación) entre ellos. A partir de aquí debemos ser claros, la genética es el mayor predisponente que existe dentro de cualquier sujeto. Sí, el factor genético, lo que te define desde tu propia concepción, te hace tendente en el aspecto conductual, a ser de una manera u otra. No (solo) para los criminales, sino para todos. En la mayoría de las ocasiones esto no es ningún problema, pues la armonía con el resto de factores, psicológicos y sociales, hacen que la normalidad ni siquiera haga que se pregunten acerca de estas cuestiones. Pero antes de que comience a discutirlo, recuerda lo que acabamos de señalar, «la GENÉTICA es el mayor PREDISPONENTE de los tres factores». Aquí está el quid de la cuestión. ¿Qué son el aspecto psicológico y sobre todo el social, en dónde englobamos el contexto de desarrollo, el ámbito familiar,…? Pues lo que se necesita cuando se tiene una petardo y un mechero, es decir, un motivo para celebrar o lo que es lo mismo, un desencadenante. Estos dos términos, predisposición y desencadenante, son vitales para entender cómo y muchas veces por qué, se lleva a cabo una acción (en criminología cuando la conducta es desviada o en cualquier otro ámbito dentro de la normalidad). Entonces, ¿Cuál es el problema? Pues el escollo que nos encontramos es fácil de entender pero difícil de analizar y tiene que ver con la individualización y la relación. Empecemos por este último concepto, la relación entre factores. Una conducta y aquí sí nos centramos en la criminal, necesita una mínima predisposición y un mínimo desencadenante para que se de. O una alta predisposición que solo necesita un mínimo desencadenante («Esa persona salta a la primera»). O una mínima predisposición pero un gran desencadenante que va minando poco a poco y longitudinalmente al sujeto. O,.. o,.. o,… ¿Qué quiere decir esto? Que debemos conocer qué relación, digamos qué porcentaje de cada uno de los factores se vinculan, porque como bien podrá adivinar, esto no es matemático, no hay, en la confirmación y desarrollo de una conducta, y menos criminal, una relación de 33,33333%. E incluso la cosa se complica porque ¿Puede existir una tendencia, una predisposición que haga que el sujeto lleve a cabo una conducta sin desencadenante? Es complicado, pero en ciertas tipologías de personalidad criminógenas puede, sin problema. Incluso podemos complicarlo más, puede existir una predisposición y un desencadenante que no es tal, que simplemente el sujeto lo viva, lo crea así (y no necesariamente es producto de un trastorno o enfermedad mental, de hecho en la minoría de las ocasiones). Esto, estudiar esta complicación, este desarrollo, esta relación entre factores, es trabajo de la criminología.

Esto que acabamos de ver nos lleva al siguiente concepto, la individualidad, porque, ¿Podemos inferenciar esta interrelación, o solo tenemos las bases para aplicar a cada sujeto? ¿Podemos generalizar o no? Aquí tienes  la segunda parte del trabajo de un criminólogo. 

Creo que cualquiera que haya estudiado mínimamente la conducta humana y más la criminal, está de acuerdo en la importancia para la predisposición del ámbito biológico y más concretamente el genético, y en muchas ocasiones, se niega o se discute por la misma razón que no se quiere aceptar que el mal por el mal existe. No es tanto por desconocimiento, sino por el conocimiento de que poco se puede hacer al respecto, por miedo. La gente quiere comprender con parámetros de lógica elemental lo que muchas veces solo se explica por estudios concretos y que no ofrecen la demostración que a ellos les gustaría.

Y para finalizar, un simple apunte e insistencia sobre el trabajo del criminólogo que acabamos de exponer (o de la criminología como ciencia). He insistido en señalarlo por dos motivos. El primero porque ya sabes que, cada vez que tengo ocasión de hacerlo, explicito el trabajo que podemos ejercer. El segundo, para separarlo, en este caso, del trabajo de investigación policial. En estos casos, por ejemplo el referido al principio, a la investigación forense y policial, no le importan los aspectos que acabamos de mencionar, porque estos se centran en el por qué. A la investigación le preocupa el cómo. Cómo se llevó a cabo, con qué tiempos, en qué lugar,… cosa que por otro lado no les resultará (vuelvo a repetir en este caso de la introducción) complicado, puesto que los supuestos autores, no tienen la capacidad ni la conciencia forense para engañar a los investigadores, ya saben el motivo. En cambio, a la criminología sí le interesa el poder estudiar esa causa, para poder detectar patrones, para en un futuro poder incidir en ellos, prevenir de manera global y poder detectar esas variables antes de un desenlace fatal.