
Hay muchas cosas que son difíciles, casi imposibles de encontrar. Una de las más buscadas es la tumba de Alejandro Magno. Otra, los restos del eslabón perdido entre el simio y el humano (aunque últimamente, y viendo el panorama, igual ni existió, para perjuicio de lo simios), y así con objetos tanto históricos como míticos (y algunos místicos). Pero hay otra cosa que es mucho más difícil de hallar que cualquiera de estos «santos griales», y es a un criminólogo que no haya publicado en sus redes, blog,… o no haya explicado alguna vez, que la criminología y la criminalística no tienen nada que ver. Son cosas diferentes. Y es normal, es lo que te enseñan en la carrera, antes en la licenciatura, ahora en el grado. No obstante, hay una incoherencia que muchas veces pasamos por alto. Tal vez porque aún, cuando finalizamos la formación ,no somos capaces de detectar las sinuosas redes de contradicciones tejidas alrededor de la criminología como disciplina universitaria (ironía o no, ya lo interpretas tú). Esta incongruencia, y esto puedes corroborarlo ahora mismo a golpe de clic, radica en la de asignaturas que podríamos catalogar como criminalísticas que se imparten en los diferentes grados (de criminología, se entiende), y a mi juicio, de manera correcta. ¿Pero no habíamos dicho que eran cosas diametralmente opuestas?
Y es que sí, la criminología y la criminalística (también conocida como «ciencias forenses») no son lo mismo. Pero ni mucho menos son antagónicas, y una es muy buena base, normalmente, para la otra. Y digo normalmente, porque hay especialidades forenses (medicina legal, química forense, por ejemplo), que se necesitará, además, una gran base de la propia ciencia, de la especificidad de la misma. Pero, volviendo al punto de partida, lo que no podemos negar es que ambas se retroalimentan y no sé por qué, no se quiere admitir. Siempre se ven como diferentes, como si fueran antónimos, héroe y villano. Tal vez porque no se conoce la realidad. No tanto por parte de quien lo defiende, que simplemente son alumnos (y todos lo hemos hecho) que argumentan lo que les han enseñado, sino por quienes deberían conocerla. Lo peor de esto es que muchas veces se trunca alguna que otra vocación (y no debería). Y tampoco, de nuevo tal vez, se desconoce esta la realidad porque no se ejerce, y aquí, en este punto, he visto muchas diferencias. Estas distinciones se basan en una muestra limitada de estudiantes que he conocido y conozco. Alumnos con los que, o bien por haber estado de prácticas o por otros motivos, como ayudarles en algún trabajo, TFM, etc., me han enseñado, muchas veces sin ser conscientes, las diferencias. Siempre intento estar lo más informado posible acerca de los ámbitos de trabajo, y entre ellos, la criminología en la universidad es uno importante, y, pudiendo comparar, he notado una diferencia abismal, en muchos, pero centrando el tiro, en este tema, entre aquellos alumnos que tienen profesores que ejercen, normalmente como peritos (y también detectives) y los que no. Estos últimos, fieles defensores (y vuelvo a decir, no por su culpa) de la separación dogmática, cerrada e innegociable de la criminología. En cambio, aquellos que sí son formados por conocedores, tanto de la teoría como de la práctica, tienen una amplitud de mente mucho mayor, lo que hace que la diferencia sea característica, puesto que unos tienen una visión parcial y otros, el diafragma de su cámara con la mayor apertura posible. Para los que no tienen la suerte de formarse con profesionales en activo, el saber que pueden, siendo criminólogos, especializarse y desempeñarse como expertos en un área (o más) forense es casi un sacrilegio, una herejía y no lo contemplan. Para los que sí tienen esa suerte, es una salida más (que suman a las que ya tiene (pocas, eso sí), la criminología).
Querer hacer una separación taxativa entre criminología y criminalística es cómo decirle al psiquiatra que la medicina general, que la medicina de familia y su especialidad, son antagónicas, no tienen nada que ver. Como decirle al jurista que el ejercicio de la abogacía y el de la fiscalía son objetos totalmente dispares o al antropólogo, que no existe relación entre la especialidad biológica y la arqueología. O que la matemática y la física, la biología y la medicina, no guardan ningún tipo de relación y son apartados estancos y separados. Una cosa es que los profesionales, los primeros en el ejemplo, se especialicen en distintas áreas (a voluntad), y otra que la disciplina, la ciencia, sea algo que deba ser separado al presentar un mínimo o máximo incluso, de diferencias.
Sí, la criminología y la criminalística son disciplinas separadas, igual que el derecho administrativo y el penal. O que la traumatología y la otorrinolaringología, pero son harina del mismo costal, se quiera ver o no. La criminología, ciencia que estudia el crimen de manera holística, haciendo hincapié en sus actores principales y la interrelación existente, es una ciencia social en donde cabe el análisis en tres de sus áreas específicas (víctima, victimario y relación (normalmente física, como es una escena, pero no solo), desde las ciencias naturales (criminalística) como un área más de estudio y desempeño para futuros profesionales, que deberán especializarse, como lo harán en cualquier área de la criminología. Y de manera contraria también es un valor añadido con plena relación de ganancia. Un médico forense con formación en criminología o un antropólogo forense con base criminológica, son sin duda unos profesionales no solo altamente cualificados, sino con una coherencia en su formación más que apreciable.
Por eso, de nuevo sí, criminología y criminalística son disciplinas diferentes, pero hermanadas, lo cual, hay que explicar de manera correcta, porque muchas veces, vemos «publicidad» del grado de criminología con imágenes de la criminalística, para luego decirte en tu primera clase que esto «no es CSI». En muchas ocasiones los alumnos, jóvenes estudiantes que escogen esta carrera por una mezcla de vocación y expectativas (reales o no), llegan algo confundidos, y desde el principio, mejor no hacerlo más complicado. Hay que explicar en su justa medida, y de manera coherente, la relación (que no similitud) y disparidad entre ambas, y esto, aquí, es donde se nota la diferencia entre aquellos docentes con formación y experiencia práctica que muestren una realidad cruda, difícil pero verdadera, al fin y al cabo que ayuda a tomar la mejor decisión, al menos con conocimiento de causa, a los alumnos. Así que, y abriendo el debate, diferencias sí, pero hermanamiento también. El conocimiento de ambas enriquecerá al experto, y en muchas ocasiones, dependiendo del ámbito de actuación, será necesario.



