Una breve reseña sobre la antropometría

Hay dos nombres propios que, tanto en criminología como en criminalística, son siempre estudiados, analizados y recordados por todos. Estos son Césare Lombroso y Alphonse Bertillon. El primero se estudiará en asignaturas de introducción o historia de la criminología, como un pionero que, analizando sobre todo cráneos a finales del XIX, estableció o creyó hacerlo, una correlación entre la apariencia física basada en mediciones y morfología del cuerpo y el rostro y la posibilidad, tendencia y predisposición, no solo al delito, sino a la especificidad de los crímenes. No únicamente decía poder pronosticar por su apariencia física quién sería delincuente, sino qué tipo de delito llevaría a cabo. Por supuesto, lo que se enseña en cualquier facultad de criminología, es que sus teorías pusieron la primera piedra de la disciplina, pero están totalmente superadas. El segundo, Alphonse Bertillon, prácticamente contemporáneos (Lombroso nació en 1835 y falleció en 1909 y Bertillon en 1853 y 1914), como jefe de la sección de identificación de la Policía de París (aunque llevaba desarrollándolo con anterior), creó el método antropométrico para la clasificación (e identificación) de delincuentes. En este caso, puso la primera piedra, al igual que Lombroso, para comenzar a perfeccionar y llegar a los métodos actuales. Si en uno, el primero, se habla de superación y en el otro de adaptación y mejora, no es más que por la aplicación correlacional. Así como Lombroso concluía sobre una relación directa no demostrada entre biología y conducta (esto de manera muy general), Bertillon, «simplemente» media ciertos parámetros sabiendo que la repetición e igualdad en dos sujetos distintos era altamente improbable. La estadística para uno era correlacional (o eso creía) y para otro, simplemente frecuencial (descriptiva). Y es sobre esta última, que hoy realizamos una breve reseña histórica. 

Bertillon desarrolló un sistema basado en la medición específica de diversas partes del cuerpo. Estas mediciones eran siempre las mismas, para garantizar el método, su reproducibilidad, validación e identificación individual. Todas ellas creaban el perfil del individuo, clasificación utilizada para el archivo que, normalmente a posteriori, servía en las investigaciones por reincidencia. El método, las mediciones, no siendo muy originales, se denominó «bertillonaje». Había ocho mediciones específicas, que eran:

  1. Longitud de la cabeza, midiendo desde la raíz del pelo a la parte inferior de la mandíbula.
  2. Ancho de la cabeza, midiendo de oreja a oreja.
  3. Longitud del oído, midiendo desde la parte superior a la inferior de la oreja (aquí es curioso como en algunos países, la fotografía del pasaporte actualmente debe ser dejando ver la oreja puesto que el otograma es un parámetro individualizador). 
  4. Longitud del pie, desde el talón hasta el dedo más largo.
  5. Longitud del dedo medio, desde la base hasta la punta del dedo (medio).
  6. Longitud del brazo extendido, desde la punta del dedo medio hasta el hombro (con extensión horizontal).
  7. Longitud del antebrazo, desde el codo hasta la punta del dedo medio.
  8. Altura, planta del pie a parte superior de la cabeza.

Además de esto, el «bertillonaje» tenía en cuenta cualquier característica distintiva como tatuajes, cicatrices, deformidades,… que también eran medidas y descritas. Por supuesto, a estas mediciones debía sumarse la realización de fotografías perfectamente establecidas y dirigidas. Todo el proceso correspondía a un método exacto elaborado por Bertillon que debía seguirse al pie de la letra y que reflejó en sus escritos. Las típicas fotografías tras cualquier detención que hemos visto de frente, de perfil, etc. provienen de aquí. 

Claro está, el «bertillonaje» tuvo sus críticas y detractores, puesto que en ocasiones, los cambios físicos tanto conscientes como no, por parte de los delincuentes (incluso simplemente el paso de los años) podían entorpecer la identificación, sobre todo cuando se hacía a través de fotografías, por ejemplo en búsqueda de fugitivos (cuando no se podía realizar la medición antropométrica hasta haberlo detenido de nuevo). También creaba problemas y no había solución, en la identificación de gemelos idénticos, aunque a nivel criminalístico no son una mayoría, sí podía ser un problema si se daba. 

Como conclusión, a pesar de estas, no se duda que fue la piedra angular de la identificación forense y tan vital es hoy en día. De estos primeros estudios y mediciones, se ha llegado no ya a la antropometría, sino a la biometría actual, que, como pasó con Bertillon, en unos años también se volverá casi totalmente obsoleta y tendrá críticas, puesto que la mejora en el ámbito forense, no ya desde el «bertillonaje», sino en las últimas décadas, a todos los niveles, está desarrollándose, para bien, a velocidades antes impensables.