- Longitud de la cabeza, midiendo desde la raíz del pelo a la parte inferior de la mandíbula.
- Ancho de la cabeza, midiendo de oreja a oreja.
- Longitud del oído, midiendo desde la parte superior a la inferior de la oreja (aquí es curioso como en algunos países, la fotografía del pasaporte actualmente debe ser dejando ver la oreja puesto que el otograma es un parámetro individualizador).
- Longitud del pie, desde el talón hasta el dedo más largo.
- Longitud del dedo medio, desde la base hasta la punta del dedo (medio).
- Longitud del brazo extendido, desde la punta del dedo medio hasta el hombro (con extensión horizontal).
- Longitud del antebrazo, desde el codo hasta la punta del dedo medio.
- Altura, planta del pie a parte superior de la cabeza.
Además de esto, el «bertillonaje» tenía en cuenta cualquier característica distintiva como tatuajes, cicatrices, deformidades,… que también eran medidas y descritas. Por supuesto, a estas mediciones debía sumarse la realización de fotografías perfectamente establecidas y dirigidas. Todo el proceso correspondía a un método exacto elaborado por Bertillon que debía seguirse al pie de la letra y que reflejó en sus escritos. Las típicas fotografías tras cualquier detención que hemos visto de frente, de perfil, etc. provienen de aquí.
Claro está, el «bertillonaje» tuvo sus críticas y detractores, puesto que en ocasiones, los cambios físicos tanto conscientes como no, por parte de los delincuentes (incluso simplemente el paso de los años) podían entorpecer la identificación, sobre todo cuando se hacía a través de fotografías, por ejemplo en búsqueda de fugitivos (cuando no se podía realizar la medición antropométrica hasta haberlo detenido de nuevo). También creaba problemas y no había solución, en la identificación de gemelos idénticos, aunque a nivel criminalístico no son una mayoría, sí podía ser un problema si se daba.
Como conclusión, a pesar de estas, no se duda que fue la piedra angular de la identificación forense y tan vital es hoy en día. De estos primeros estudios y mediciones, se ha llegado no ya a la antropometría, sino a la biometría actual, que, como pasó con Bertillon, en unos años también se volverá casi totalmente obsoleta y tendrá críticas, puesto que la mejora en el ámbito forense, no ya desde el «bertillonaje», sino en las últimas décadas, a todos los niveles, está desarrollándose, para bien, a velocidades antes impensables.




