La Criminología, ¿una muerte exitosa anunciada?

 

 

 

 

 

 

 

 

En las últimas semanas han sido bastantes, para lo que suele hablarse de la Criminología como ciencia, las noticias que han aparecido (probablemente porque en verano disminuyen el resto), pero dos de ellas llaman la atención, porque juntas, se comprenden mejor. La primera, que ya  compartimos el 24 de julio en nuestras redes sociales, titulaba «El segundo «boom» de la Criminología: Se duplican los matriculados desde 2015 y el «true crime» releva al «CSI»» (vía www.niusdiario.es) y la segunda, «La muerte por éxito de Criminología: hay tanta gente estudiando la carrera que no hay empleo ni para la mitad» (Vía www.xataka.com). Pues bien, creo que podría ser un buen momento para analizar no tanto ambas noticias, sino, y eso sí, teniéndolas en cuenta, la situación actual y real de la Criminología.

No vamos a realizar una apología de la necesidad de la Criminología, creo que eso es bien sabido (y sino será menester dedicarle un artículo completo (o un podcast)), sino más bien realizar una reflexión, algo subjetiva, de la realidad y la situación actual de los estudiantes, y de la preocupación que suelen tener cuando reciben su título (incluso antes). El contexto de partida podría ser catalogado como inmejorable, al menos a priori. Tenemos una carrera donde me atrevería a decir que más del 95% de los estudiantes están ahí por vocación. Otra cosa sería saber qué tipo o de dónde nace. Como leemos cuando aparecen noticias en la prensa, siempre vinculan esos «booms» de la carrera, con las series televisivas (en años anteriores fue «CSI», «Mentes criminales», etc. (disculpe que no conozca muchas más)), también por supuesto con películas y novelas (¿A cuántos, sobre todo «antiguos» estudiantes no habrá ayudado Dupin, Sherlock Holmes, Hercules Poirot,… a decantarse por esta carrera profesional?). Y cuidado, esto no es criticable, porque la gran mayoría de las profesiones se eligen de manera parecida ¿Cuántos abogados lo hacen por grandes películas o series de antaño, por ejemplo? Lo que nos tiene que hacer reflexionar, o mejor dicho, lo que nos garantiza esa vocación es que ahora (y antes también, pero sobre todo en la actualidad, desde hace más de una década), el acceso a la información aporta todos los datos antes siquiera de comenzar. Anteriormente, cuando se entraba para formarse en una profesión, el futuro alumno/aprendiz solo tenía los datos que su entorno le aportaba (si es que podían) y si era alguien curioso, los que podía conseguir de libros, revistas, etc. Pero ahora, tiene la posibilidad no solo de tener información cuantitativa, sino hasta la opinión de alumnos que pasaron hace años por las mismas aulas, tiene recursos casi ilimitados para conocer la situación de su empleabilidad, de profesionales del sector,… de todo. Y claro, esos nuevos alumnos de Criminología actuales, saben perfectamente como está el mercado laboral antes siquiera de pagar la matrícula, y aún así, la estudian. Eso garantiza la vocación. Por supuesto existe un porcentaje que tiene muy claro que lo curso con el fin de opositar y que, tanto como baremo como como conocimiento, le valga en un medio-largo plazo, esto es verdad que puede distorsionar esa vocación (respecto al estudio, no al fin que desea alcanzar), pero creo (y digo creo porque desconozco el porcentaje de estos últimos) que la gran mayoría tienen una vocación inquebrantable. Bien, este es el primer punto positivo de la situación de partida.

El segundo es ciertamente cuantitativo. Cada año aumentan las solicitudes a la par que la nota de corte, lo que quiere decir que se juntan un número considerable de alumnos con una alta preparación previa (no significa que sean los más «listos» ni «inteligentes», pero sí demuestran, en lo que es ahora bachillerato, un alto desempeño) al grado. Así que, al final del todo tenemos, alumnos con expedientes pre-universitarios (y normalmente post) excelentes, en un número creciente con lo que a priori es un futuro laboral inexistente, y pese a ello, insisten en ser criminólogos, pareciera que les es indiferente pasar de la universidad a la cola del paro, pero «¿Por qué les da igual si ya conocen el futuro?». La respuesta la tiene cualquier persona que haya hecho cualquier cosa por vocación. Es simple, a uno le da igual como venga el futuro, como se vislumbre, con tal de conseguir lo que quiere, y eso, ese pensamiento es lo mejor que puede pasarle cuando tiene 20 años (o 18 o 25, ya me entiende, en esa etapa en la que la juventud que se acaba, y se prepara para la adultez). Es a partir de ahí, cuando esos jóvenes tienen la necesidad de fijarse más en los que ya están/estamos en la palestra, y creo (de nuevo), y de ahí este artículo (subjetivo), que aquí es donde radica un gran porcentaje del problema, y no en la situación anterior. Vamos a explicarlo. 

Yo personalmente no veo ningún problema en que cada vez haya más estudiantes e interesados en la Criminología, más bien todo lo contrario. Al igual que me alegraría si esto pasara con carreras que tienen menos empleabilidad aún, como Filosofía. Sería una excelente noticia si más gente decidiera cursarla o al menos interesarse por ella. El problema, como decía, creo que viene con los inputs que reciben en muchas ocasiones de nuestra parte, y voy a centrarme en la Criminología que es lo que conozco. Esta reflexión no nace exclusivamente de estas noticias sino de conversaciones con alumnos y compañeros de prácticas y de situaciones vividas tanto en el mundo real como en el virtual. Recuerdo ya hace tiempo, y sirva esta anécdota para ilustrar la situación, que, realizando publicidad (porque sí, hacemos publicidad de aquello que ofertamos) sobre una formación dirigida a estudiantes que deseaban especializarse en un área pericial, nos contactaron a través de una red social para que ampliáramos información, y sobre todo, garantizáramos que «le iba a llegar trabajo de eso». Ahí entendí muchas cosas. ¿De verdad alguien «adulto» que se dedica a aportar un servicio, sobre todo cuando empieza, espera que  «le llegue el trabajo»? Obviamente, lo primero es pensar que no existe capacidad de esfuerzo, necesidad de salir a buscar ese trabajo, darse a conocer, etc. porque no, la «sociedad» no le debe nada a nadie, y menos a alguien que está comenzando. Pero, decidí ser crítico. Sí, esto no lo podemos negar, existe (siempre lo ha hecho pero ahora más que nunca), una idea extendida que va en contra del esfuerzo, de la necesidad de «dejarse la piel en el trabajando», de darlo todo cada día, etc. Es lo que hemos creado, no podemos negarlo. ¿Pero, qué tiene que ver esto con el negro futuro de los criminólogos (nuevos y actuales)? 

La pregunta correcta es, ¿Hemos creado nosotros esto? La mayoría dirán que no, que ¿Qué tenemos nosotros que ver con que no haya trabajo?, pero claro, ¿Y si esto lo decimos desde nuestra poltrona, desde nuestra silla, que está situada en nuestro despacho que se dedica a… la criminología?, ¿Qué pasa, que para nosotros sí y para los demás no? Entonces, ¿Cuál es el problema? Pues tal vez lo que nosotros pintamos a los que vienen detrás. ¿Cuáles son las explicaciones que damos? Les decimos que la «cosa pinta mal», que hay que esperar a que la Administración nos reconozca, que las universidades nos admitían como ámbito de conocimiento (de esto hablamos en el podcast), etc. es decir, que hasta que «otros» no hagan cosas que presumiblemente, si llegan tardarán mucho pero que mucho tiempo (probablemente algunos se jubilen esperando), no hay nada que hacer. Esto es lo que se vende, que como vemos cuadra con eso que decíamos de «la sociedad te debe algo y no te preocupes que te lo dará». Pues no. Si los alumnos quieren estudiar Criminología y opositar, normalmente a los CC.FF.SS. del Estado, o a Prisiones,… es decir, trabajar para la Administración pública, el camino que deben seguir lo tienen claro, y sí, por supuesto, pueden también reivindicar estos aspectos. Pero si el futuro no pasa por esto, ¡y cuidado que aquí viene «lo fuerte»!, hay que comprender que cada uno debe hacer su camino sin esperar a que «otros, la sociedad, el Estado, el Gobierno, la Administración, las Universidades, etc.» lo hagan. Sí, la primera opción es muy cómoda porque nunca seremos nosotros mismos los culpables de lo malo (tampoco los beneficiarios de lo bueno), pro desde luego, sin el esfuerzo que merece una profesión tan necesaria como la nuestra, no se va a llegar a ningún lado (de hecho, no se debería llegar. Toda carrera de fondo tienes sus procesos de eliminación y descarte). Así que, aquí va mi pequeño aliento para esos magníficos estudiantes de Criminología. ¿Quiere trabajar como criminólogo? la buena noticias es que hay trabajo. Hay muchos clientes, físicos y jurídicos, que necesitan nuestros servicios y a veces ni lo saben. ¿Es duro? Sí. ¿Es fácil? No.  Pero sin duda se puede. Y a partir de aquí permíteme que le tutee.  No esperes que nadie ni nada te solucione la papeleta. No esperes que tus problemas, tus dificultades y tu lucha la guerree nadie diferente a ti. Cada uno debe sangrar para llegar, y creo, o al menos yo firmemente, que este es el mensaje que debemos dar como criminólogos que ya tienen un «pequeño recorrido» en el mundo. ¿Qué muchos no lo conseguirán? Como en cualquier profesión. La vida es una carrera de fondo. ¿Qué muchos preferirán seguir pensando que la culpa es de «la sociedad», de «los demás»? Claro, en la Criminología y en cualquier sector, ámbito o área de la vida. Pero cuando hablemos con estudiantes, cuando acudan a nuestros despachos de prácticas, cuando nos pidan información,… debemos hablarles de la gran dificultad de salir adelante, sí, pero también de la necesidad de estos profesionales, del camino que queda por recorrer (en muchas ocasiones todo) y que si son los primeros (o de los primeros) en hacerlo, eso que tienen ganado. Que el mismo esfuerzo que pusieron en la carrera lo pongan ahora, multiplicado, en el mundo laboral. Sí, hay trabajo. Sí, sois necesarios. Y sí, es duro, de hecho creo que no os hacéis una idea de lo duro que es, pero que se puede, se puede. La Criminología es vital en cualquier sociedad, y de hecho, cada vez más. Los criminólogos, por ende, deben estar, pero eso depende de nosotros, de nadie más. El darnos a conocer, demostrar nuestra valía, tú valía, está en cada profesional, no en un conjunto, sociedad o Administración. Sí, la unión hace la fuerza, pero que las fuerzas no haga que tú luches menos. La criminología no ha muerto, es lo contrario, la Criminología está naciendo con profesionales altamente preparados.