La semana pasada salió publicada (de hecho los miembros de la «Newsletter», la recibieron) una noticia en prensa que, allí donde se publicó, siempre quería decir algo así como «Existe una comunicación no verbal que es universal». El trabajo, titulado «Lo que nos puede decir el desarrollo de los gestos con y sin habla sobre el efecto del lenguaje en el pensamiento», es una investigación llevada a cabo con niños, por la doctora Seyda Özçaliskan, profesora del Departamento de Psicología en la Universidad de Georgia. Básicamente, además de por supuestos otros parámetros de la investigación, lo que me hizo compartir con mis queridos estudiantes de comunicación no verbal esta noticia, fue que «(…)Descubrieron que cuando los niños hablaban y gesticulaban al mismo tiempo, sus gestos seguían las convenciones de su idioma, con claras diferencias entre los gestos de los hablantes de turco e inglés. Sin embargo, cuando los niños usaban gestos sin hablar, sus gestos eran notablemente similares». Esto abría un debate interesante que, por supuesto ni es nuevo, ni se ha dado por cerrado, al menos totalmente, pero sirve para explicar por qué la comunicación no verbal sí tiene un empirismo que lo explica (eso sí, lejos de saber si alguien miente porque se toque la nuca, o la nariz, o lo que quiera que se toque).
Dejando de lado específicamente el experimento, la investigación y las conclusiones, la cual recomiendo leer con atención, una de las primeras cosas que debemos comprender a la hora de saber, de dónde viene (realmente) el conocimiento de la comunicación no verbal, es poder hacer la distinción entre considerarlo algo general o universal. Este debate, con las microexpresiones, fue central (y sigue siéndolo) entre Ekman, Birdwhistell y Mead. El primero, abogaba (y aboga) por la universalidad. Es decir, estas (las microexpresiones) son un producto intrínseco y biológico (como poco), mientras que los dos siguientes, lo hacen, el primero con más recato exponiendo la generalidad (pero no universalidad) del gesto (aceptando la intervención de la mayoría de músculo iguales por expresión pero con distinto significado (igual significante)) y una negación y atribución cultural por parte de Margaret a todos los gestos. Siendo como sea, el debate estaba servido. Y parece que aún lo está puesto que (y sabiendo que los redactores no tienen por qué ser expertos en la materia), al leer las distintas noticias sobre esto, se utilizaba el concepto descriptivo de general y universal de manera indistinta, y he aquí la gran diferencia que debemos abordar. (Recordemos que el debate de ejemplo, es respecto a las microexpresiones, no a la comunicación no verbal completa).
La cuestión radica en ser un aprendizaje o una capacidad innata. Si fuese general, aunque tremendamente compartido, esos gestos deberían ser aprendidos y posteriormente serían aprehendidos. Pero si no se enseñara (de manera voluntaria, involuntaria, por imitación, etc.) no existiría. Es decir, si hubiese un hombre que nada más nacer se pasara 20 años de su vida aislado, no podría comunicarse gestualmente si le pusieran otro individuo delante (no podría aportar outputs pero tampoco recibiría inputs comunicacionales). Si fuese universal, querría decir que ciertos gestos son compartidos, vamos a decir genéticamente, por todos y por ende, comprendidos, lo que facilitaría la comunicación a pesar de ser sujetos que no comparten nada culturalmente hablando (lenguaje, valores, leyes, etc.) y se daría a pesar de una incomunicación total del ejemplo anterior.
¿Dónde puede radicar el problema del debate? Pues precisamente en hacerlo dicotómico, entendiendo la comunicación no verbal como una lengua, como un idioma. Efectivamente, si nosotros estudiamos o debatimos sobre uno de ellos, elija el que quiera de todo el mundo, lo hará como un bloque, como un constructo, que dividirá en variables. Si quiere aprender español, estudiará su vocabulario, fonética, ortografía,… Con esto, conseguirá comunicarse totalmente (por escrito y hablado) en un idioma. Todo lo que haga, será aprendido desde cero. Pero no respecto a la comunicación no verbal, puesto que existirá un porcentaje (¿cuál?) que haga que, nada más nacer, puedas comunicarte con el mundo de manera atávica, y lo que es más importante, entenderlo. ¿Y cómo podemos saber esto? Pues por una disciplina que debemos estudiar siempre que hablemos de comunicación no verbal, la etología; la ciencia del comportamiento animal (principalmente no humano o comparado).
Todo recién nacido tiene ciertos reflejos (y no solo los típicos como respirar, etc. sino otros más complejos como nadar o incluso andar, sin necesidad de enseñanza (aquí no juzgue la historia del universo por su propio ego, pues el humano es el animal que más tarda en aprender a andar, el más torpe a este respecto, siendo casi inmediato en la mayoría de animales de cualquier especie) y aspectos más sutiles de la comunicación gestual, que es la única que tienen de manera general los animales (siendo después desarrollada por otras variables dependiendo de la especie (emitiendo sonidos, pero no hablando)). Por lo tanto, es lógico pensar que hay aspectos que nosotros proyectamos y obtenemos del resto del mundo a través de la comunicación gestual. Así, el bebe identifica ciertos patrones en sus cuidadores, sabiendo cómo están, aprenden a utilizar ciertos gestos para obtener lo que desean,… El gran desafío está en marcar ese aspecto innato, genético, atávico podríamos decir, y el aprendido y aprehendido (no siempre de la mano). En algunos aspectos es tremendamente fácil (gestos como darse la mano o dos besos para saludarse no podrán encajar en el primer estándar), pero cuando profundizamos, esto es más difícil, solo tienen que pensar en ustedes mismos cuando se enfrentan a un lugar en donde la observación conductual es lo único que tienen para obtener información.
Y esta dificultad en saber cuánto y qué pertenece a algo individual, general y/o universal es una tarea de complicación extrema pero de vital importancia en ciertos ámbitos. Y en la que nos interesa, la criminología, es sin duda de relevancia. No solo para ejercer ese análisis per se, sino para obtener información en otros casos (investigaciones, entrevistas, interrogatorios,…) en donde el análisis pericial no es lo principal. Por ello, el debate, al menos académicos, ya no está tanto en si la comunicación no verbal es universal y/o general, sino cuándo es una (innata) y otra (aprendida). Y esto, como decimos, toma transcendencia en el análisis criminológico, en donde en muchas ocasiones, sobre todo en el análisis de los victimarios, se puede pasar de una conducta controlada, a otra atávica, a una mixta, a un control o intento de engaño comportamental,… lo que hace que la importancia y detección de este, y por supuesto otros muchos aspectos, sea si cabe no sé si más complicado (creo que sí) pero sobre todo más concreto.
Por esto, y ya para terminar, la comunicación no verbal debe dejar y pasar de ser un estudio, como suelo decir, de análisis de tipos de arrasques para saber si alguien miente, a una disciplina específica de aplicación concreta (en criminología, en psicología, en recursos humanos,…) con una base sólidamente empírica, como es la etología, y un desarrollo por parte de la disciplina que lo complete (de nuevo, psicología, criminología, antropología, sociología,…).



